Cercanía al universo visual de Gertrudis Rivalta Oliva

Entrevista realizada a la artista visual cubana Gertrudis Rivalta Oliva. Por TR para TRMEstudio / Foto TRM – Agosto 2018.

Alicante es una ciudad portuaria situada en la costa mediterránea, por su población, de unos 330.000 habitantes​ aproximadamente, es el segundo municipio más poblado de la Comunidad Valenciana y el undécimo de España. Hasta allí me trasladé hace unas semanas para encontrar a la artista visual cubana Gertrudis Rivalta Oliva, atraído por su obra, que desde la cubanía, expone un profundo y sorprendente discurso, propuestas que trascienden la frontera de lo local, entrando en un espacio donde el arte se convierte en infinito.

Era un día especialmente caliente, el sol castigaba sin piedad, muchos de los viandantes buscaban a toda costa cualquier espacio de sombra para hacer más llevadero su transitar. Ante mí un edificio de un color azul, apagado, un azul del que los rayos del sol habían dado buena cuenta,  ¿quizás era gris azulado?, la escalera era eterna, al llegar a la puerta paré unos segundos para tomar aire e intentar borrar mi rostro de cansancio.

Todo lo demás transcurrió de forma rápida y espontánea, cuando me quise dar cuenta estaba, en el reino de mi interlocutora, hablando sobre fechas, lugares y todas aquellas referencias que nos situaban en un pasado común, en aquel pequeño pero luminoso apartamento, donde ya no quedaba mucha pared para colgar más cuadros, un refugio perfecto para el ataque solar.

¿Quién es Gertrudis Rivalta?

GR– Soy una mujer afrodescendiente que ha utilizado los conocimientos y los recursos que me enseñaron desde un sistema educativo del que aún hoy me siento privilegiada de haber formado parte, para reflexionar sobre temas que me parecen que no son los habituales de los grandes discursos y acaban tratándose de puntillas. Estos temas como los de raza, género, el clasismo, la relación histórico social y económica entre las diferentes capas de la sociedad, suenan ya a temas manidos, pero realmente insisto en que hay que abordarlos desde las nuevas perspectivas que ofrecen las circunstancias, esta es la  era de las tecnologías innovadoras y futuristas pero también del neoliberalismo más feroz.

Estos espacios de reflexión que aparentemente se circunscriben más al plano de lo emocional, del otro y al área de los grandes discursos de los 60s, 70s y 80s , mantienen una vigencia extraordinaria, ya que persisten en el entramado de las relaciones humanas.

Al final todo se circunscribe a las cuotas de poder que cada grupo social posee.

Gertrudis no es una mujer de aspecto sofisticado, lo primero que te llama la atención cuando hablas con ella es su trato resuelto y desvestido de protocolos y posturas inútiles, es directa, cercana, muy próxima al estereotipo cubano, aunque con matices, muchos matices.

¿En qué consiste tu discurso visual?

GR– En mi obra están presentes dos elementos que se asumen predominantes: la mujer y la raza, pero mi obra no se circunscribe únicamente a eso, no es una obra para mujeres o una obra para afrocubanos. No es una obra hecha para y por un grupo. Esos posicionamientos radicales nunca me han gustado. Con un pequeño repaso a mi iconografía puedes darte cuenta de que en mi universo está presente la gran variedad de tipologías en nuestra sociedad y su interacción. No puedo hacer menos porque ya de partida en mi familia conviven varios tipos raciales, desde negro que viene de esclavo hasta rubio europeo. Por eso me gusta más decir que mi tema es la identidad (aunque de manera más personal y más desconocida, también el universo jajaja) y cómo esta se conforma, lo que la convierte en una obra muy psicológica. Por supuesto, desarrollo una sensibilidad especial hacia todo aquello a lo que me siento unida pero, por eso mismo, también me siento legitimada a hablar desde mi ascendente blanco. Sería inconsistente reclamar un trato justo para el afrodescendiente negando mi parte blanca, caería en el otro lado entonces. Mis imágenes son reivindicativas, pero también más de igualdad. Por ello, desde mis inicios abordé la mirada al otro como punto de partida para mirarnos a nosotros mismos y aceptar nuestras peculiaridades. Para ello me he basado en la reinterpretación de la fotografía, como el instante preciso, para destemporalizarla y llevarla a dialogar con el espectador sobre quiénes somos. A finales de los noventa disfruté mucho dialogando con un fotógrafo norteamericano, blanco hombre y nacido 70 años antes que yo, porque precisamente la confrontación con mi realidad de cubana, mulata, mujer, marcada por mi tiempo creaba un diálogo anacrónico que hablaba muy bien de quiénes somos e incluso de quiénes creemos ser. A nivel formal, me ha gustado acoplar cada pieza al elemento que me parecía más adecuado para el mensaje que quería trasladar sin ponerme etiquetas que me encasillen como pintora, escultora o fotógrafa, pues me gusta mucho más sentirme una artista visual libre que puede expresarse en función de la necesidad de cada momento. ¡El carboncillo en mi mano ha hecho muchas travesuras sobre el lienzo¡ jajajaja jajajaja.

¿Cuba, el entorno familiar y su influencia en tu obra?

GR– Pues siendo mi inquietud el análisis de la construcción de la identidad, es lógico pensar que nada mejor que empezar por aquella que mejor conoces. La extrapolación a su realidad distinta queda en manos del espectador al que le doy las claves para que pueda adaptar el discurso a sus realidades individuales. Pero mi punto de partida es mi entorno de proximidad y eso lo conforma mi familia y Cuba. Uno de los elementos que utilizo como catalizador de mis piezas es la fotografía histórica familiar, pero también imágenes de revistas y de archivo. He recurrido a la fotografía pública y publicada, por ejemplo las series “Mujeres” y “Muchachas” que se basan en las portadas de estas revistas, emblemáticas en Cuba, pero también a la fotografía privada propia o ajena como bien te he dicho antes, como en la pieza “Solo quería que me quisieran” en la que, a través de esas fotos que atesoramos como recuerdos, generaba un mosaico de imágenes que conformaba buena parte de aquellos trozos de nuestra existencia en los que buscamos que nos quieran, presentando la coherencia de la historia familiar, el árbol genealógico como una tarjeta de presentación segura y representativa ante el otro. Todos guardamos nuestra pequeña caja de recuerdos que al final son enormes declaraciones de amor.

 

 

¿Cuáles son las fuentes de inspiración más recurrentes en tu obra?

GR– Pues creo que la inspiración de cualquier creador está en lo que le rodea, en la frase que te decían tus padres de pequeña, en las cosas que te enseñaron en la escuela y que se te han quedado por bueno o por malo, un gesto que llama tu atención, una noticia en el diario. Todo es susceptible de formar parte de tu obra, de igual modo que forma parte de tu pensamiento. Al final, una pieza no es más que la traducción de un pensamiento a un plano visual, y nuestro pensamiento está siempre atento a todo lo que le rodea, posándose de vez en cuando en los lugares más insospechados. Si nos preguntaran por qué nos fijamos en determinado elemento y no en otro, a menudo no sabríamos explicar con honestidad la razón. Sencillamente ocurre, un comentario, un hecho, una anécdota nos permea y en el momento más insospechado acaba emergiendo de nuevo convertido en un discurso.  Al final, mis obras se pueden entender como paisajes humanos en los que intento a través de individuos concretos retratar a mucha más gente de los que están representados por unos rasgos precisos. Cuando en un parque vemos a un mulato dormitando rodeado por diversos anuncios, todos podemos identificarnos con su cansancio, acudir a momentos en los que nos hemos sentido solos, sobrepasados, desubicados. Esos son conceptos universales que se entienden en cualquier sociedad, sentimientos que transcienden épocas o nacionalidades, lo que acaba convirtiendo el retrato en un paisaje en el que todos podemos reconocernos.

 

 

En este momento de la conversación, Gertrudis gentilmente, haciendo gala de buena anfitriona propuso que comiéramos juntos, la entrevista devoraba los segundos, los minutos, las horas, su conversación inteligente y amena, sus reflexiones sobre la familia hacen que sus ojos adopten un brillo intenso, y que el delirio por la isla amada aflore sin control.

¿La escuela de arte cubana, base fundamental a la hora de crear?

GR– He tenido la suerte de formarme en la escuela de arte cubana, un foro en el que el arte se vivió, perdón por hablar en pasado pero es el tiempo en el que puedo asegurar lo que digo, con una intensidad y honestidad encomiables. Los creadores de esa generación y de las generaciones que me antecedieron nos movíamos por unos intereses que eran totalmente honestos. Producíamos la mejor obra de la que éramos capaces porque nos enseñaron que eso era lo que teníamos que hacer, que ese era el compromiso con nuestra sociedad. Esa intensidad en la creación le supuso un precio muy caro a muchos excelentes creadores y amigos, cómo no tener unas palabras de recuerdo para dos grandes de nuestra plástica como Belkis Ayón o Pedro Álvarez,  para los que vida y creación fueron uno. Creo que nunca he pensado en el mercado en el momento de crear una pieza, no me parece honesto plantearme si esa pieza en ese formato tiene más salida o se puede vender mejor si la hago más pequeña o le pongo o quito tal elemento. Todos queremos vivir de lo que hacemos, negarlo sería mentir. Pero quiero vivir de lo que hago no hacer arte para vivir.

Todo eso está implícito en mi educación; y hasta el momento solo he hablado de lo que significa la escuela cubana de arte a nivel de compromiso. Si hablamos del nivel de formación técnica y teórica, puedo decir que la formación que recibimos en el Instituto Superior de Arte está a la altura de los mejores centros formativos del mundo. Allá donde vamos somos recibidos con un respeto que nos da haber salido de ese estupendo centro.

¿Cómo se refleja en tu obra la identidad afrocubana?

GR– Papi me dijo una vez, cuando estaba agobiada por una situación injusta, aunque no era conmigo la cosa, que yo tenía la suerte de poder expresar a través de mi obra todas aquellas circunstancias que me parecían injustas o que necesitaban ser defendidas, mientras que la mayoría de personas solo pueden engurruñarse. Mis papás son muy inteligentes y sabios y ahí he tenido mucha suerte¡¡…. Igual él ni se acuerda de eso, pero así fue. Pues, cuando uno afronta su identidad afrocubana empieza a aproximarse a la misma desde un intento de pedir una visibilidad a una sensibilidad que cuenta con menos espacios, pero pronto nos damos cuenta de que no se trata de conformarse con un espacio residual, que se trata de buscar la opción de abordar esa identidad con la misma legitimidad y el mismo respeto con el que se representan otras identidades. Por eso intento alejarme de la imagen folklórica para ahondar en una identidad más reflexiva, aunque a veces no hay más remedio que representar el espacio que nos han asignado para, por confrontación, señalar que ese no es el espacio que merecemos. Hace unos meses vi la película francesa “Chocolat”, en la que Omar Sy encarnaba a Rafael Padilla, un hombre muy inteligente, nacido esclavo en Cuba y que en Francia se ganó la vida, parece ser que durante un tiempo muy bien, encarnando el  arquetipo de negro tonto al que el blanco podía maltratar y que justo entró en decadencia cuando estos usos abusivos se vieron inconvenientes entre la intelectualidad parisina. El mensaje de la película me resultó ambiguo y me dejó bastante tocada. La sociedad siempre nos deja espacios para que nos ganemos la vida haciendo lo que se espera de nosotros, pero hay momentos en los que debemos decidir si es más importante “ganarse la vida” o reclamar un espacio justo. No voy a juzgar la postura de Padilla, no tengo la información necesaria para hacerlo y cualquier juicio sería superficial, solo puedo decir que cuando me he enfrentado a esa disyuntiva, siempre me he decantado por pasar hambre. Con todo esto quiero decir que mi identidad es inseparable de mi obra y hasta cuando no hablo de ello de forma directa, está presente. Recientemente me decían que la serie “Cinco corazones…” era un cambio en mi discurso porque no hablaba ni de raza ni de género. Bueno, ¿hay algo que nos iguale más que un corazón desprovisto de cualquier otro órgano, desprovisto de la piel y su color? ¿En qué se diferencia el corazón de un hombre negro de otro de cualquier otra raza? ¿En qué se diferencia mi corazón de mujer mulata de cualquier otro? ¿No es un elemento igualador representar al individuo por una parte de él en la que la raza o el género no tiene ninguna influencia? Por eso, lo que soy siempre está presente en mi obra, pese a lo que soy es una realidad tramposa, en tanto que es variable y compuesta por otras muchas realidades.

La comida es un torrente de palabras que dan forma a las anécdotas y estas a su vez dan paso a los recuerdos, a los amigos que han quedado en la distancia, a los conocidos comunes con los que por diferentes razones compartimos tiempos de andanzas callejeras en la inolvidable Habana, historias de vida, de lugares, de sitios, de cosas…

La religión tiene una fuerte presencia en la creación cultural de los artistas cubanos. ¿Esa presencia también se puede apreciar en tu obra? ¿Por qué?

GR– Sin duda. El cubano tiene muy presente en su vida la religión, por acción o por omisión. La religión es para nosotros un elemento cultural y también un motivo de reflexión. La religión afrocubana nos afianza en una identidad, si se quiere, rebelde en tanto que tuvo que sobreponerse a la represión. Hemos vivido, por lo general, muchas situaciones en las que el sentimiento religioso no estaba bien visto y, sin embargo, éste perduraba frente a cualquier silencio. En mi caso, asumí la religión afrocubana como una forma de entender mi cultura, con una riqueza icónica maravillosa. Sin embargo, mi pensamiento crítico me acercó más al budismo como inspiración vital y, cómo no, también se ha reflejado en mis piezas en tanto que concibo el budismo como una forma de pensamiento y de reflexión.

¿Series y temáticas?

GR– Mi trabajo se articula por series, lo que me permite acercarme a una idea de una forma multiprisma y espero que muy completa. A finales de los noventa adquirió notoriedad mi serie de lienzos a carboncillo y barniz basados en las fotografías de Walker Evans. Un tiempo después mi galerista se tiraba de los pelos cuando le dije que quería empezar una nueva serie, pues Gertrudis estaba ya en otra línea de pensamiento. Ahí comencé con los “Elvis”, una serie que abordaba la relación entre un icono que se acababa por representar algo totalmente distinto a lo que empezó siendo. Me divertía la idea de poner a Elvis Presley como cicerone de un mundo al que llegó como un escándalo y que acabó por convertirlo en un clásico. No había demasiado de sentimiento “fan” en la serie, elegí a Elvis como pude haber elegido a Warhol, pero Elvis me daba unos elementos que me parecían muy divertidos y oportunos. Después llegó la serie de “Fantasmas de azúcar” una serie sobre el cierre de los centrales azucareros y la pérdida de identidad que eso suponía. Fue una serie con un componente de nostalgia indudable en el que el discurso de los materiales (barro, café, azúcar y sangre) estaba muy presente.

Luego llegó “Fnimaniev” y su discurso, si se quiere historicista, sobre la realidad que viví en la época del campo socialista, unos años que recuerdo como casi idílicos si no fuera por los mochetes a lo ruso que me hacía mi madre y que me dejaba con tremendos tirones en las sienes, jajajajaja. A esa serie, con diferentes variaciones en formato, pertenecen dos obras que considero carismáticas: “Quinceañera con Kremlin” y el enorme díptico que expuse en la Bienal de Valencia.

La siguiente serie se basó en las portadas de las revistas “Mujeres” y “Muchachas”, publicaciones que de forma más o menos velada eran conformadores del modelo de mujer que se proponía en el socialismo y, por tanto, en Cuba. En estas obras, en muchas ocasiones por contraposición, dialogaba sobre el papel que se pretendía asignar a la mujer revolucionaria.

Por último, la serie incluída en la muestra “Con-Razón” que expuse recientemente en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales en La Habana, y de la que ya he hablado antes.

Entre medias hay multitud de trabajos en papel, proyectos y algún que otro lienzo descabalgado que constituyen en conjunto mi producción artística.

¿Trayectoria y reconocimientos?

GR– Pues no me puedo quejar de trayectoria, he conseguido exponer en lugares muy importantes como Track16, galerías en Madrid, Francia. Para mí fue una gran satisfacción, no exenta de cierta sorpresa, cuando me seleccionaron para formar parte de la muestra “Creadoras del siglo XX”. Marisa Oropesa, una prestigiosa curadora española, organizó una exposición con las mujeres que consideraba más representativas de siglo XX a nivel mundial. Cuando me enteré de una forma un poco casual que estaba incluida en la selección, me quedé de piedra. Los nombres que formaban parte de la misma eran todas aquellas artistas a las que yo había estudiado en mis libros de arte y de pronto verme con ellas me pareció algo increíble. Pero, sí, ahí estaba como una de las más jóvenes y no fue algo circunstancial, sino que a esa exposición siguió otra “Creadoras del siglo XX y XXI”  y “Desnudando a Eva”, exposiciones que se movieron primero por excelentes salas españolas y luego por medio mundo de la mano del Instituto Cervantes.

¿Exposiciones destacadas?

GR– Son muchas, dijo mientras puso en mis manos un cuaderno azul que tomo de un librero próximo, es un extracto de mi curriculum.

Gertrudis Rivalta Oliva (Santa Clara.Cuba.1971) actualmente comparte su residencia entre Alicante y La Habana. Artista plástica licenciada en el Instituto Superior de Arte de La Habana en el año 1996. Ha desarrollado su carrera artística principalmente en Cuba y España, si bien ha participado en muestras en los cinco continentes. Ha expuesto en galería de la talla de Fúcares tanto en Almagro como en Madrid, Track 16 en Los Ángeles, California, Estados Unidos. El Museo de Bellas Artes de Cuba, Museo de Bellas Artes de Ponce, Puerto Rico, Museo de Arte Contemporáneo de Badajoz en Extremadura entre otros.

En el año 1997 forma parte del importante proyecto “Queloides” participando posteriormente en varias de sus reediciones. Tras diversas exposiciones en Cuba, en el año 1998 comienza su andadura internacional de la mano de la curaduría de Kevin Power en su proyecto “98: cien años después” expuesto en el Museo de Bellas Artes de Ponce (San Juan. Puerto Rico), el Cultural Center (Manila. Filipinas), el Museo de Arte Contemporáneo de Badajoz (Badajoz. España) y el complejo Morro-Cabaña (La Habana. Cuba), y “Evans or not Evans” en la Universidad de Alicante, presentando una revisión de la obra del fotógrafo norteamericano Walker Evans. De la colaboración con Kevin Power surgen, entre otras, las exposiciones “Fnimaniew” (Galería Aural. 2005), “Cuba una Isla mental” (Sala de Exposiciones Vista Alegre. Torrevieja. 2006) o “Cuando salí de Cuba” (Galería Ad-hoc. Vigo. 2011).

Entre sus exposiciones internacionales cabe destacar “At the curve of the world”  Galería Track16. Los Angeles. USA), “Fantasmas de azúcar” (2003. Espace Croix-Baragnon. Tolouse. Francia) dentro del Festival Internacional Río Loco – Garone y “Creadoras del siglo XX”, exposición itinerante en la que es incluida como la más joven de una selección de artistas consideradas esenciales en la historia del siglo XX como Frida Khalo, Candida Hofer, Meret Oppenheim o Yoko Ono y, bajo la curaduría de Marisa Oropesa, expuesto en el Museo de Bellas Artes del Palacio Carlos V de La Alhambra (2009. Granada. España) o en el Museo de la Pasión (2009. Valladolid. España), entre otras. Posteriormente el Instituto Cervantes la incluye en dos de sus muestras internacionales: “Desnudando a Eva” (2011), que se expone en diversas sedes del Instituto Cervantes en Europa y “Creadoras del siglo XX y XXI” (2012) que hace lo propio en África y Asia.

En el año 2000 recibe la beca CEIP para participación en el parque escultórico de la Reserva Natural de Lomos de Orio en La Rioja. Ha participado en la Bienal de Valencia/Sao Paolo (2008), bajo la curaduría de Ticio Escobar y Kevin Power y en exposiciones colaterales de diversas ediciones de la Bienal de La Habana.

Ha realizado ilustración y portadas de varios libros como “Roaring Spring” para el poeta Steve Benson, “Escorpión en el mapa” de Ernesto Santana o “Caviar with Rum” de Jacqueline Loss y José Manuel Prieto, en el que también se incluye un texto de su autoría.

Su obra ha sido incluida en diversos textos críticos sobre arte Cubano y Arte internacional como  At the curve of the world” Track 16 / Tom Patchett. Los Ángeles CA, “Art Cuba: the new generation”. Holly Block ( Art in general) NY. 2001, Nosotros, los más infieles: narraciones críticas sobre el arte cubano (1993-2005)” Andrés Isaac Santana. CENDEAC. 2007, “El Nuevo Arte Cubano: Antología de textos críticos”. Magali Espinosa y Kevin Power. 2006, Percebal Press, … Su obra aparece en varias revistas de arte importantes como la Revista Encuentro, Gaceta, Arte Cubano, Revistas online como: Afroféminas, Directorio de Afrocubanas, Carinenet entre otros.

Su obra está representada en colecciones en Cuba, España, Italia, Reino Unido, USA, etc.

Mientras leía, en el comedor apareció una enorme bola de pelo que con pasos lentos llegaba a los pies de la mesa para quedar tumbada, como si de un extenuado atleta que con sus últimas fuerzas intenta llegar a la meta, “…Ya es muy vieja, pero aún tiene fuerzas para pasar por aquí cuando estamos comiendo, y así ver que se le pega…” Decía Gertrudis mientras miraba a su perra con ternura, la perra por su parte no se perdía ni un solo detalle de la escena.

¿Cuál es la aportación de España a tu trabajo?

GR– España es el país en el que paso buena parte de mi vida, pero reconozco que aún siento cierto pudor por abordar sus temas. Es como si hiciera intrusismo, como si hubiera algo en mí que dice que los méritos de alguien deben mencionarlos otros, pero los defectos, por el contrario, debe señalarlo uno mismo. Yo puedo decir: “¡Gertrudis que vieja te has puesto!” y no pasa nada, pero si me lo dice otro… pues no es lo mismo. En este sentido creo que pasa algo similar por mucho tiempo que uno lleve involucrado en un país que no es el suyo. Por ello prefiero abordar mis temas desde mis orígenes aunque me sirvan para una agricultora en el sudeste de Asia, pero es la visión del espectador la que debe reconocerse en mi trabajo. Erigirse en conciencia de otros es muy poco efectivo si esos otros no te reconocer como ellos mismos, y es más fácil hacer ver que el otro no sabe de lo que habla que reconocer el error propio.

¿La situación de mujer en la plástica contemporánea?

GR– Pues ¡qué te voy a decir! A grandes rasgos, igual que en el resto de sectores. Uno pudiera pensar que las artes son sectores más liberales y abiertos, pero el patriarcado se reproduce con mucha facilidad. A las mujeres nos tuvieron en cuenta para las artes de forma muy tardía, ¿cuántas mujeres conoces que hayan destacado en el Renacimiento? Eso queda muy lejos ¿verdad? ¿A cuántas impresionistas conoces? Ya estamos hablando solo de 200 años atrás. ¿Y en el Pop-Art? ¿Tampoco? Pues es la época de la liberación sexual. Piensas en mujeres que vivieron de la plástica y se te  ocurren algunas, pero fuera de cualquier movimiento, apartadas y en muchas ocasiones rescatadas y reivindicadas mucho tiempo después. En justicia, las mujeres artistas no tendríamos orejas ninguna jajajajaja. En este último ARCO un grupo de mujeres intentando hacer visible la desigualdad existente en nuestro sector, pero no sé si eso sirve de mucho, porque los espacios no se ganan ahí. Yo fui la única mujer incluida en una exposición tan emblemática como “Queloides” y, si te digo la verdad, en ese momento no era ni consciente de que era la única y era una “invitada” a la fiesta de los varones. A veces, es consecuencia de que muchas exposiciones colectiva surgen “a la cubana” en una reunión alrededor de unos tragos alguien propone una idea, se apuntan los presentes, te acuerdas de algunos más que pueden estar interesados en participar y se arma una exposición magnífica. Esa espontaneidad es “rica”, no pocos movimientos intelectuales se han armado en los cafés. Pero ¿estamos ahí nosotras? Pues la mayoría de veces no, son reuniones de hombres que se encuentran cómodos entre ellos. Con suerte te llega luego, entre los “pensados” y siempre desde una posición más pasiva, donde te asignan el rol de “groupie” con derecho a los coros. Yo siempre me he negado a ocupar ese papel, cuando participo en algo lo hago en igualdad con el resto de participantes. Eso es algo que no todos asumen y que me ha granjeado no pocos problemas.

La sobremesa transcurrió entre risas y curiosidades, historias de primera mano sobre algunas obras que no solo son parte de la trayectoria de la artistas, piezas que hoy forman parte de la historia del arte visual de nuestra querida isla.

Pasaban las seis de la tarde cuando nos dirigíamos a la estación de Alicante para tomar un tren que me llevaría a Madrid, el camino de vuelta a casa estuvo marcado por las reflexiones sobre mi visita al universo visual de Gertrudis Rivalta Oliva.

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